Quizás la pregunta sea a la inversa. ¿Por qué no viajar?
Podríamos decir que a todos en algún momento nos ha pasado de ver una imagen en alguna portada de internet, en el fondo de pantalla de una computadora, en la contratapa de un libro y decir “ese paisaje no puede existir en la realidad”. Nos parece exótico, de otro tiempo o de otro universo. Nos parece inalcanzable… pero ¿qué pensarías si te dijera que existen y que podés conocerlos?
Yo también pensaba que había destinos que jamás podría conocer. Que me iba a resultar muy caro viajar, que era demasiado lejos, que no tenía a nadie que me acompañara… y entonces seguía siendo un imposible. Hasta que un día la oportunidad llegó. Los planetas se alinearon, las personas correctas aparecieron, el ahorro y la planificación lo hicieron posible. Pero lo más importante: me animé. Decidí que esos destinos eran posibles y empecé a verme proyectada allí, me pintaba a mi misma en los paisajes y de pronto allí estaba.
Abrí los ojos un día y no era un sueño: estaba bajando del avión en países diferentes al mío, en otros escenarios, conociendo otras lenguas y otras culturas. Descubrí que viajar no es sólo un verbo sino un estilo de vida. Que hay miles de maneras diferentes de hacerlo y no hay una sola para cada persona sino que depende de cada momento. Hubo veces que viajé sola porque así lo quise; otras que fui acompañada de mi familia, otras donde se sumaron amigos, parejas, otros viajeros ocasionales… hubo veces en que decidí quedarme en hoteles de lujo y otras veces donde me alojé en casas de familia, otras en hostel y hasta en cabañas perdidas en el medio de la nada. Hubo viajes de un fin de semana y otros que duraron tres meses seguidos. Hubo viajes en otros idiomas y otros dentro de la hermosa Argentina, tan enorme que todavía no pude conocer completamente. Tan variada, tan mágica, tan sorprendente. Hubo viajes donde extrañé a mi gente, al mate y a la calidez latinoamericana. Hubo otros en que me maravillé con templos, edificios, arte y música que no había ni siquiera escuchado nombrar. En cada viaje me descubrí nuevamente. En lágrimas de emoción y en sonrisas intercambiadas con algún desconocido con el cual sólo tuve en común la circunstancial visita a algún museo. Me redescubro y me encuentro con otros en cada travesía que realizo.

Esto es lo que para mi significa viajar, ese es mi por qué.
Y vos… ¿Ya descubriste el tuyo?

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